Nota roja, desplazamiento al museo

Por Benjamín Alcántara

De forma paralela al fenómeno en sí mismo de la violencia en México, cabe detenerse en una reflexión sobre la representación frenética de la muerte, además de los medios de comunicación, ahora en muchos de los discursos artísticos nacionales. Uno de ellos, es el desplazamiento de la fotografía forense o de nota roja, a los espacios que legitiman, resguardan y negocian el arte (museos y galerías), produciendo con ello, un desvío radical en la significación y propósitos de dichas imágenes. Existe una revalorización desmedida de este tipo de fotografías (como parte de una moda surgida a partir del rescate de la estética de Enrique Metinides en México y Weegee en Estados Unidos), presentándolas en contextos artísticos, en grandes formatos, con exagerada manipulación digital en los colores. Es decir, desplazando el sentido original para el cual fueron realizadas esas fotografías, mediante la recontextualización y el embellecimiento de la imagen, presentándolas como puro acontecimiento estético sin ningún señalamiento crítico. “Pero también es cierto que a veces es un error presentar como bello lo que clama, si no a la acción, sí al menos a la indignación… En casos como éste, la belleza no es consuelo sino goce, un dispositivo para aumentar el apetito, para deleitarse en el espectáculo del sufrimiento”.1 Tal es el caso de varios fotógrafos mexicanos de nota roja, que han venido ganando premios, becas y prestigio, haciendo uso de estas estrategias, que por otro lado, en nada se distingue el trabajo de uno y de otro. A pesar de que son muchos nombres, cuando vemos las imágenes que están siendo exhibidas y premiadas, podrían ser del mismo fotógrafo.2

Sin duda, el caso más emblemático y celebrado recientemente es el de Fernando Brito. Fotógrafo de nota roja y editor de fotografía del periódico “El Debate” de Sinaloa, ha obtenido varios reconocimientos entre los que destecan el Premio Descubrimientos Photo España 2011, tercer premio World Press Photo 2011 y el premio de adquisición en la XIV Bienal de Fotografía 2010. Parte de esta serie multigalardonada “Tus pasos se perdieron con el paisaje”3 fue mostrada en una sala del Centro de la Imagen, junto a trabajos de otros fotógrafos que utilizan métodos propios de la ficción, como la escenificación, para hacer visible el mismo discurso, con lo que el espectador queda totalmente confundido pensando que las fotos no pertenecen al mundo real (en las dos anteriores ediciones de la Bienal, los ganadores fueron Gerardo Montiel y Cannon Bernáldez, utilizando estas estrategias para representar también la muerte violenta, junto con muchos otros trabajos seleccionados con la reiteración del tema una y otra vez). Éste es un fragmento del texto que se encontraba en una ficha casi ilegible respecto a las imágenes: “En esta época, donde la muerte es tan cotidiana que pasa a ser parte del paisaje y las quejas no se convierten en acciones, retrato a los ejecutados que son abandonados en las afueras de la ciudad. En ese contexto distinto a la imagen de violencia actual, retrato a estos cuerpos inermes buscando la soledad de la muerte y así trato de crear conciencia sobre esta dura realidad y su enorme impacto social.”4

“Crear conciencia”… ¿de cuál realidad?, ¿de esos cuerpos masacrados?, ¿de la belleza del paisaje enmarcando la obscenidad del cadáver,? Aquí no hay ningún señalamiento crítico hacia los responsables de esas masacres y de esa “dura realidad”. Es la pura representación de la muerte en el contexto artístico, sin siquiera enunciar dónde sucedió tal cosa y mucho menos señalando las causas, efectos o responsables de esas muertes. “La misma fotografía puede expresar mensajes distintos según sean las circunstancias de su presentación…La fotografía documental ha contribuido mucho al espectáculo, y en cambio, sólo un poco a la comprensión crítica del mundo social…La foto documental tiene proclividad a convertir la violencia y el sufrimiento en objeto estético”.5

Al ser insertadas estas fotografías en el mundo del arte, son susceptibles de negociación en ese circuito mercantil. Evidentemente no se trata de censurar ese tipo de imágenes, pero es imprescindible, urgente, que los artistas, curadores y los fotógrafos que pretenden introducirse al mundo del arte, reflexionen seriamente sobre la forma en que presentan sus discursos, sobre todo si se trata de la representación fotográfica de la muerte. Pienso que hay que tener un poco de pudor ante la muerte ajena, anónima. Hay que exigir respeto por el cuerpo sin importar a quién pertenecía o las circunstancias del asesinato. Si no tomamos en cuenta esto, es muy fácil caer en la reificación del cadáver, y con ello, estar abusando y banalizando la situación de desgracia de una persona, una familia, o el horror que está viviendo una comunidad entera. Representar la muerte fotográficamente tal como se viene haciendo a últimas fechas en México, y presentarla en el mundo del arte, no es precisamente una elegía. Mientras no haya un dispositivo potente, que enuncie, denuncie de manera directa; o exista un involucramiento participativo convertido en acciones por parte del fotógrafo o artista, ésta práctica seguirá siendo un vergonzoso oportunismo depredador, disfrazado de crítica social.

Muy distinta cosa, son discursos artísticos que sí presentan una denuncia directa y potente, como el trabajo de Teresa Margolles.

1 Arthur Danto, “Belleza y política”, en El abuso de la belleza. La estética y el concepto del arte. Barcelona, 2006, Paidós. p. 166

2 Veáse galería de imágenes. http://benjaminalcantara.viewbook.com/album/notaroja2#1

3 http://www.zonezero.com/zz/index.php?option=com_content&view=article&id=1235&catid=2&Itemid=7&lang=es#

4 http://centrodelaimagen.conaculta.gob.mx/bienales/14a_bienal/fernando_brito.html

5 Allan Sekula, “Desmantelar la modernidad, reinventar el documental. Notas sobre la política de la representación”, en Jorge Ribalta (ed.), Efecto Real (debates posmodernos sobre fotografía). Barcelona, Gustavo Gili, 2004. p. 41 y 53

Benjamín Alcántara
México DF

Benjamín Alcántara (México, D.F, 1969)
Benjamín Alcántara trabaja con fotografía y video. Es Maestro en Historia del Arte por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, realizando una investigación sobre fotografía documental contemporánea. Ha participado en más de 20 exposiciones colectivas en importantes recintos de México, Estados Unidos, España y Alemania, y cuatro individuales en México. Tiene cuatro exposiciones individuales, todas en la Ciudad de México.
A lo largo de su trayectoria ha recibido diversos reconocimientos entre los que destacan:
-Tercer Premio en la V Bienal Interamericana de Videoarte. Centro Cultural del BID. Washington, 2010.

-Seleccionado y beneficiario del Programa de Apoyo a la Producción e Investigación en Arte y Medios 2010. CENART. México, 2010
-Mención de honor en la categoría fotorreportaje, del XV Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. FIL. Guadalajara, 2006.

-Mención honorífica, II Bienal de Artes Visuales de Yucatán 2004.

-Becario del FONCA en dos ocasiones, en el programa “Jóvenes creadores”, en 1995 y 2003, en la disciplina de fotografía.

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