La fotografía periodística de finales del siglo XX

Por Susana Rodríguez Aguilar

En lo que corresponde al binomio: fotografía-historia, durante la segunda mitad de la década de los setenta y el primer lustro de la década de los ochenta del siglo XX, en México se reconoce a la imagen como un elemento informativo y de expresión relevante en los medios de comunicación escritos; acción que llevó, incluso, a dignificar el trabajo fotográfico, a mejorar la relación laboral de algunos de sus trabajadores y por supuesto a revalorar el aspecto estético del material fotográfico publicado en la prensa escrita.

Durante esta época destacan los pesos y contrapesos entre los medios nacionales con el gobierno en turno, así como de las empresas periodísticas con sus reporteros y fotógrafos. Tan sólo en lo que corresponde a la relación prensa-gobierno, el agradecimiento público nunca estuvo de más. Los dueños de medios de comunicación continuaron la tradición establecida por el empresario editorial, Jorge García Valseca (1952), durante el gobierno de Miguel Alemán: celebrar cada 7 de junio, el Día de la Libertad de Prensa, fecha en que se reconocía la gracia presidencial a un derecho fundamental, la libertad de expresión. Sin embargo, el 7 de junio de 1983, la Unión de Periodistas Democráticos (UPD), encabezada por Miguel Ángel Granados Chapa –en ese entonces subdirector editorial de unomásuno— organizó “una verdadera conmemoración de periodistas” en un acto paralelo al oficial.

Tiempo en el que circulan diarios a nivel nacional como El Día, El Heraldo de México, El Nacional, El Sol de México, El Universal, Excélsior, La Prensa y Novedades; los vespertinos de la ciudad de México: El Diario de México, El Sol de Mediodía, Ovaciones y Últimas Noticias. Además, surgen los periódicos: El Financiero, unomásuno y La Jornada; siendo estos dos últimos los que marcaron –cada uno en su estilo– novedosos criterios y políticas editoriales en la publicación de la foto periodística; la intención, aprovechar al máximo el elemento analógico de las mismas para provocar nuevos simbolismos (denuncia, ironía, irreverencia y crítica) en blanco y negro y en papel sensible como el fotográfico.

Todas en lo particular y en general, empresas periodísticas encargadas de mediar la percepción de la realidad, tras dar cuenta de las relaciones entre los diversos grupos encargados de tomar las riendas de un país y decidir el destino de una nación; donde los integrantes de la sociedad, en su cotidianidad, fueron integrados a la información periodística, ante las acciones u omisiones de sus gobernantes.

De ahí la propuesta de abordar los criterios editoriales para rechazar, seleccionar y, en su caso, publicar una imagen periodística producto de una orden del día o de una propuesta individual; así como de rescatar la relación entre la foto, el texto, el título y el pie de foto en la estructura informativa, ello para intentar una mejor comprensión de la imagen fotográfica como fuente histórica.

Lo anterior, también una forma de conocer los elementos que determinaron la forma de reportear, elaborar, presentar y difundir la información, por parte los medios de comunicación, para tratar de llegar al mayor número de lectores.

En lo que corresponde a los lectores de medios escritos, pueden identificarse, entre otros elementos, por su estrato social. En 1983, por citar un dato obtenido en el sondeo realizado por Miguel Basáñez –El pulso de los sexenios. 20 años de crisis en México–, Excélsior y Novedades eran los periódicos de mayor circulación y eran leídos por los dirigentes de la época. La mayoría de la población prefería El Heraldo de México, Esto, El Sol de México y La Prensa. En los estratos medios además de Excélsior y El Heraldo de México leían La Jornada. Los funcionarios preferían El Nacional y el unomásuno, mientras que los intelectuales se inclinaban por La Jornada.

Dicha situación no fue percibida de la misma forma por Miguel de la Madrid Hurtado — libro: Cambio de Rumbo. Testimonio de una Presidencia 1982-1988 y ya como expresidente– para él, la prensa en México al contar con una variedad de opciones, “más que portadora de información es vehículo para que diferentes capillas de la clase media y media alta envíen mensajes al gobierno”.

Mientras que en una revisión aleatoria a los diarios mencionados y, en una tarea que realicé hace un par de años, a finales de la primera década del siglo XXI; tan sólo baste señalar que en la época abordada y para identificar el criterio fotográfico que aplicaron las casas periodísticas, se pudo constatar que la mayoría de éstas publicaron fotos en blanco y negro de actos oficiales, poco propositivas o creativas, sin despliegue y sólo como relleno o complemento de la información; con pies de foto largos, en los que sólo se hacía referencia a los personajes tomados, sin crédito para el fotógrafo del medio. Sin embargo, si la imagen provenía de alguna agencia internacional, invariablemente se le daba el crédito correspondiente.

Había despliegue fotográfico en las secciones de sociales, espectáculos y deportes, derivado del grado de interés del director en turno; es decir, más de cuatro fotos por página, sin especificar en la mayoría de los casos al autor de cada imagen. En el caso de la información nacional ocasionalmente había despliegue y sólo si el hecho lo ameritaba: el incendio en San Juan Ixhuatepec el 19 de noviembre de 1984, la granizada del 3 de septiembre de 1985 en el Distrito Federal, el sismo del 19 de septiembre de 1985, las celebraciones del 15 de septiembre, los informes de gobierno o la toma de posesión del presidente de la República en turno, entre otros hechos.

Sirva lo anterior como un primer acercamiento a la prensa escrita de una época donde sobresalieron medios por la calidad de su fotografía periodística, tras contener encuadres, composiciones y un manejo de la luz casi artístico. Tiempo en el que a las fotos eran relacionadas con su autor e, incluso, se abrió el espacio para que los fotógrafos propusieran y realizaran reportajes gráficos. Situación que permitió a la fotografía trascender al medio en el que vio la luz primera, el diarismo, para ser expuesta y analizada fuera de las salas de redacción, tema que abordaré en la próxima entrega.

Susana Rodríguez Aguilar
Estado de México

Susana es mexicana, egresada de UNAM –posgrado en la Facultad de Filosofía y Letras; licenciatura en la ENEP-Acatlán y posgrado en la Facultad de Derecho– obtuvo con mención honorífica los grados de maestra en Historia y de licenciada en Periodismo y Comunicación Colectiva y, es pasante de la Especialidad en Derecho de la Información. Docente e integrante de la Red de Estudios Visuales Latinoamericanos y de la Red de Historiadores de la Prensa.
En materia política, cultural y educativa, de 1989 a la fecha, como reportera investigadora ha realizado diversas notas informativas, reportajes, entrevistas y artículos que han sido publicados en distintos medios, entre los cuales destacan: El Diario de Monterrey, La Crónica de Hoy, el Semanario Punto, la Revista Líderes Mexicanos y la Revista Mira.
Como historiadora (2012) ha publicado en HiSToReLo, revista de historia regional y local de la Universidad Nacional de Colombia, Medellín, en la revista de fotografía Cuartoscuro y en las páginas web: Publica Tuobra-UNAM y en Indexfoto (Montevideo, Uruguay). También ha trabajado como correctora y editora de textos periodísticos, educativos y empresariales de 1998 a la fecha, en Editorial SM, TV Azteca, Grupo Santillana, Industrias Monterrey, Grupo Mind México y Consumer Behavior, así como en la Asociación de Editores de los Estados.

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