La tensión physis-techné en la actividad fotográfica

Por Luis Amézquita

A la vista del sentido original de techné, la fotografía es una actividad característicamente técnica puesto que tiene como condición básica la conciencia de los diversos procesos inmiscuidos en la consecución de efectos gráficos de la luz sobre un material sensible. El que hace una imagen fotográfica (sea un profesional o un fotógrafo peregrino) de inicio sabe que por su propia mano –por su propia corporeidad– no podrá lograrlo, por lo que tiene que dirigirse a un artefacto (rudimentario o sofisticado) que le permita manipular los fenómenos naturales y hacerlos coincidir con un interés y un objetivo particular. Por supuesto, el modo de ser de esa manipulación de los fenómenos naturales merced del artefacto fotográfico no es caótica o aleatoria; la constitución física y lógica del artefacto dicta el sentido de las acciones particulares que se han de ejecutar para que se opere con eficacia. La ergonomía del proceso fotográfico instaura los procedimientos, reglas y secuencias de la actividad: el fin pragmático puede ser múltiple (documental, artístico, comunicativo, retórico, político, etc.), no obstante, el gran objeto de la actividad fotográfica –la que viene de su germen y de sus medios reglamentados– es re-ubicar una manifestación natural, la luz, para ‘escribir’ con ella.

La techné adquiere un carácter práctico, ya que el fotógrafo no pone en juego, a la hora de enfrentarse a la naturaleza, ‘fuerzas ocultas’ o ‘ciegas’, sino que actúa intencionada y claramente sobre el mundo natural (la physis) –afectándose mutuamente de esa manera.

Physis (φΰσις) procede de la raíz indoeuropea bhû, que en sánscrito significa “nacer”, “producirse algo”, “brotar”, y pasa al griego antiguo como “naturaleza”, “mundo ambiente” o “fundamento de toda la vida”. En esta última acepción se puede traducir physis por “nacimiento” (del latín nascor), “generación” o “vida que surge y resurge”. La physis, pues, es tanto el origen como el desarrollo de cualquier cosa o proceso. Todo lo que acaece es físico y natural. La naturaleza o el mundo natural o el mundo físico (sinónimos para estos efectos) es la causa de todo movimiento y de toda vida, radicalmente independiente de todo lo estático que resulta de un convenio, acuerdo o convención humana (el nomos, νόμος). De esta manera, el mundo natural (la physis) debe interpretarse como aquello que tiene la razón de ser en sí mismo, que no amerita de nada más para ser. Se contrapone lo natural a lo que es causado por algo más, esto es, a lo mediatizado: la techné es mediática, pero natural. La techné es un comportarse natural del hombre que necesita de una ‘cosa intermedia’ para actualizar su significado –requiere un impulso para salir de su estatismo.

Para Aristóteles, la physis es la causa inmanente de todo cambio, por tal motivo, el reposo y el movimiento son emergencias del orden físico y no al revés. Expresado alternativamente, la esencia de los seres naturales es que habitan en sí mismos y ese hábitat es el principio de su movimiento y transformación –propia y del entorno–. Dicha característica posibilita distinguir entre las cosas que son por physis, de las cosas que son por techné. Las cosas técnicas o cosas artificiales1 entrañan la intervención de la actividad humana, pero, en este caso, mediada e informada por un código reglamentario y metodológico entreverado por el fin que se pretende. En lo que es natural rige un fundamento inmanente de movimiento que determina a las cosas en pos de la realización llena de la propia esencia en función de un fin último y trascendente (la efectividad del orden del mundo). En cambio, lo artificial o técnico es un fenómeno que no posee en sí mismo un principio de autogestión o de movimiento propio. El objeto técnico es un efecto y una evidencia de la necesaria actividad humana, muda, callada, quieta hasta que se le aplique movimiento, pero forjada a partir de cosas que se encontraron en el mundo natural.

Apelando a su sentido primario, el objeto técnico es natural por accidentalidad (el artefacto se confecciona con cosas naturales y por ello está sujeto a las leyes de la descomposición física), sin embargo, el empeño y disimulo del hombre significa a ese armatoste de un modo inédito. La mano del hombre interrumpe el movimiento efectivo de lo natural y lo transforma en una nueva cosa significativa del mundo. La irrupción humana en el orden natural teje una red de objetos para fincar un horizonte más amplio de sentido: crea instrumentos para modificar diferenciadamente su entorno, lo que implica darle nuevos vuelcos a los objetos físicos, ponerlos en tensión y en juego. Con la actividad fotográfica ocurre lo mismo. El artefacto fotográfico y sus técnicas de ejecución abren la posibilidad de que el hombre irrumpa en el mundo natural, en aras de re-presentarlo y lo llevarlo a un efecto peculiar.

Como ya fue señalado, el efecto peculiar de la actividad fotográfica es patentizar la permanencia de la fugacidad. Lo fotográfico invoca lo intestino de la representación acabada de la objetividad a través de medios técnicos. Cuando se genera una imagen fotográfica, la imagen revela la esencia de lo concreto y lo particular de la coseidad. La actividad fotográfica, en su materia primaria, crea una imagen de lo que está frente al artefacto: todo lo que alcanza el objetivo (la lente) es el mundo –el objeto– que se revela al sujeto mediante la manipulación técnica. Del proceso fotográfico resulta que el orden del mundo natural (lo que está plasmado en la imagen fotográfica) se fragmenta –a nivel iconológico- y se vuelve a traer a la vista como un instante detenido. El dilema de lo fotográfico es la conjunción entre una presencia efectiva e irrenunciable (lo que fue representado) y su fuga eterna, su irse perenne, provocado por un artificio. De tal suerte, la imagen fotográfica no compone, ni restituye al ente capturado, sino que más bien lo evoca y da fe de su aparición. Lo fotográfico patentiza aquello que el hombre interpreta del mundo, pero traído de nueva cuenta bajo la lógica de la contradicción movimiento-estática, mundo-técnica. Dijo Barthes: la fotografía es “lo pasado y lo real al mismo tiempo”. La referencia de la imagen fotográfica perseverantemente es funcional-autógena: remite a la obligación de autentificarse a sí misma. En la imagen fotográfica (debido al proceso y a la relación sujeto-objeto que pone en juego) prima el menester de evidenciarse auténtica, más que de comprobar que su representación es fiel o no. La técnica fotográfica no está ahí para ser el fiscal del mundo físico, antes bien, es más propia y propicia al momento de hablar sin voz. Calladamente, la imagen fotográfica resume lo que el proceso técnico total manifestó: un sujeto usa un aparato para que el mundo se fragmente, para que no sea como es –sino como lo vemos.

La tensión creativa entre physis y techné es originaria al fenómeno de la fotografía. El proceso fotográfico se empeña en [re]presentar a lo físico como algo que fue y sigue siendo, pero que ya no es y ya no sigue siendo. El fenómeno capturado por el artefacto sin duda que fue de ese modo alguna vez –tal es la cualidad esencial de lo fotográfico–, no obstante, permanentemente se vuelve a traer a la vista como lo que ya-no-es ni será.

De esta suerte, la actividad fotográfica se parece mucho a la locura porque dice lo que hubo pero que ya no está de hecho ahí. Insiste en la efectividad de un “haber sido”, sin que lo “sido” sea ya en ese momento. La imagen fotográfica es un fantasma que hace ver su cuerpo material que es nada, sólo imagen, sólo una promesa cumplida como promesa.

1Θέχνη fue recogido por los romanos y traducido al latín como ars. El concepto llegó a nosotros vertido en muchos vocablos que se remiten al sentido griego que ya fue expuesto: “artificio”, “artefacto”, “arte”, “artístico”.
Luis Amézquita
Guanajuato, Guanajuato, México

Luis Amézquita (1983). Se ha desempeñado como docente de filosofía y literatura en la Universidad de Guanajuato. Prologó la colección de ensayos Filosofía y Frontera y varios de sus poemas y cuentos han sido publicados por algunas revistas latinoamericanas. Tiene en su haber un premio de ensayo otorgado por la Universidad Autónoma de Aguascalientes en 2010. Hoy en día es fotógrafo aficionado, escribe sobre teoría fotográfica y se dedica a los procesos editoriales.

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