El fotógrafo profesional y el amateur

Por Adriana Valdés Lugo

Han transcurrido casi dos siglos desde que se inventó la fotografía, a través de los cuales se ha ido perfeccionando la técnica, asimismo en el terreno del arte han existido muchos estilos desde el siglo XIX con los pictorialistas, y luego a lo largo del XX entre los meramente documentales, los subjetivos, las vanguardias, la nueva objetividad, los foto reportajes, el instante decisivo, el fotocollage, la fotografía abstracta, e incluso la fotografía como arte conceptual. Por otro lado, la fotografía se ha ido democratizando cada vez más, ya no pertenece al ámbito de los profesionales, y gracias a los avances tecnológicos cualquiera se jacta de ser fotógrafo y publica sus imágenes en sus sitios de internet.

En este ensayo trataremos la obra de un exponente de la neofotografía, “aquella en la que los artistas ‘bien provistos intelectualmente’ se desentienden de los problemas técnicos y acuden al metalenguaje fotográfico en tanto que discurso sobre la historia del arte.”1 Nos centraremos en las fotografías del fotógrafo alemán Thomas Struth, cuya carrera profesional comenzó a finales de los años 70 y sigue activo actualmente.

Thomas Struth no es aquel tipo de fotógrafo que la gente identificaría con el arte. Sus fotografías pretenden ser objetivas, impersonales y distantes. Son el resultado de su línea de investigación sobre las construcciones culturales. Ha desarrollado principalmente series de fotografías agrupadas por temáticas: visiones urbanas, retratos de familias, paisajes, plantas y museos.

Conocí al fotógrafo a partir de The Richter family del 2002, me llamó mucho la atención que a simple vista es un retrato como el que cualquier familia de clase media o alta pudiera tener colocado en su sala. No era nada especial y sin embargo, vendió una de las fotografías de la serie de retratos familiares en un millón de dólares y había logrado ser el primer artista vivo en exponer en el museo del Prado.

Otro de sus trabajos más representativos es la serie de fotografías titulada The Museum Photographs, en la cual Stuth obligaría a los visitantes de los museos a cambiar su rol de observador por el de objeto observado mientras contempla arte. Para ésto, el fotógrafo ha visitado los “templos del arte” para tomar fotografías de la gente que asiste a contemplar ciertas obras.

Estas fotografías de Struth parecieran que fueron producto de un turista distraído que no tiene idea de los principios básicos de composición, o que sin querer presionó el obturador de su cámara mientras sentía la emoción de que por fin medio vería a las Meninas de Velazquez. Nos da la impresión de que son fotografías sin sentido, sin un tema interesante, descuidadas y tomadas al azar. Pero si observamos bien nos daremos cuenta de que no es así, Struth, como buen artista formado en una Academia de artes (Kunstakademie Düsseldorf), emplea un rigor en sus composiciones: calcula el encuadre, emplea la perspectiva central y la simetría. También está en contra de la manipulación digital de la imagen y los procesos de postproducción. A pesar de la apariencia de sus imágenes, el resultado final es totalmente intencionado; recordemos que en esta época el artista fotógrafo ya no es aquel que tiene un excelente manejo de la técnica, sino el que presenta un proyecto artístico-ideológico.

Por medio de la fotografía Struth puede a la vez captar y cuestionar la historia de los medios y sus géneros tradicionales. Al mismo tiempo incurre en un proceso más intelectual que técnico, a través del cual, de un modo muy simple hace evidentes dos aspectos de la sociedad actual: toma el tipo de fotografías que cualquiera podría tomar y al mismo tiempo documenta el comportamiento de las personas cuando asiste a los grandes museos para apreciar obras de arte.

Las fotografías de Struth no tienen una estética extraordinaria por la cual pudiera destacar, pero su riqueza radica en que el autor captura con su cámara la dinámica del espectador en el museo, y los códigos del comportamiento frente a una obra de arte en un museo como construcciones culturales.

Parte del éxito de Museum Photograph radica en que los retratados son personas reales en estado natural, no son actores posando. El fotógrafo no está buscando que lo reconozcan como alguien brillante, sino como alguien que ha podido asimilar los comportamientos culturales a tal grado de mimetizarse con ellos. Al respecto, Struth comentó en una entrevista lo siguiente:

Aunque las imágenes llevan poco tiempo colgadas llama la atención la cantidad de gente que no se fija que pasa por delante sin que les llame la atención. Esto significa que estamos muy acostumbrados a la técnica de la fotografía, lo que es sintomático de lo cómodas que se sienten las imágenes aquí, y que la fotografía es una práctica habitual del ser humano y la gente se acerca más a las pinturas2

De ese modo Struth hace que sus espectadores tengan una participación activa dentro de un trabajo significativo, porque aunque no aparezcan físicamente retratados, al estar contemplando las obras se sienten identificados, ya que la gente que aparece ahí podría ser cualquiera, porque todos los que hemos ido a un museo sabemos cuál es más o menos la relación que se da entre el público y la obra de arte.

Al ver las fotografías de Struth cualquiera se preguntaría cuál es la diferencia entre una fotografía suya y la de cualquier otra persona siendo que el tema pudiera ser el mismo. En la actualidad los fotógrafos profesionales tienen competencia de parte de los amateurs. Gracias a las cámaras digitales de todas formas y tamaños, así como a los teléfonos móviles y otros dispositivos, hoy en día todos podemos tomar fotografías cuando queramos y subirlas a sitios en internet. Sin embargo, a veces pareciera que se nos olvida la diferencia entre una persona que toma fotos y un artista fotógrafo. La diferencia es que el segundo utiliza su creatividad para llevar a cabo proyectos que surgieron a partir de reflexiones, por lo tanto la imagen final tendrá un trasfondo ideológico, estético y artístico. En el caso de Struth, él además utiliza la fotografía sin prejuicios y como proceso de una investigación sobre las dinámicas socioculturales.

1Ana María Guasch. El arte último del siglo XX. Del posminimalismo a lo multicultural, Madrid: Alianza Editorial, 2000, p. 433

2Entrevista al fotógrafo Thomas Struth, publicada en http://arte-nuevo.blogspot.mx/2007/02/entrevista-thomas-struth.html

FUENTES CONSULTADAS:

Blank, Gil. “The tower and the view: Gil Blank and Thomas Struth in conversation”, en Whitewall, Issue 6 (summer 2007), pp. 104-119. En http://www.americansuburbx.com/2009/07/interview-gil-blank-with-thomas-struth.html

Guasch, Ana María. El arte último del siglo XX. Del posminimalismo a lo multicultural, Madrid: Alianza Editorial, 2000.

Trenas, Mila. “El fotógrafo Thomas Struth, primer artista vivo que entra con sus obras en el Museo del Prado”, en: elmundo.es, cultura y ocio, 06/02/2007. Consultado en http://www.elmundo.es/elmundo/2007/02/06/cultura/1170785434.html

Página oficial de Thomas Struth http://thomasstruth25.com

Entrevista al fotógrafo Thomas Struth, publicada en http://arte-nuevo.blogspot.mx/2007/02/entrevista-thomas-struth.html

Adriana Valdés Lugo
Toluca, Estado de México, México

Adriana Valdés Lugo (1988)
Es mexicana, egresada de la licenciatura en Historia del Arte por la Universidad Iberoamericana, realizando un semestre de intercambio en la Universidad de Sevilla. Ha estudiado cursos de Peritaje, Detección y Manejo de Obra de Arte, así como de Arte Contemporáneo del Caribe Hispano. Cursó un Diplomado de Fotografía. Se ha desempeñado profesionalmente en el Archivo Privado Kati Horna. Formó parte del equipo curatorial de la exposición “Codo a Codo: Parejas de Artistas en México” en la Universidad Iberoamericana en 2012. Realizó su servicio social como asistente en la Subdirección de Difusión Cultural en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

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