Camine usted derecho…

Por Susana Santoyo

No sólo la percepción ha delimitado al territorio; nombrarlo también lo ha hecho mío terruño, colectivo país, asequible cerca, lo ha convertido en valor propiedad, etcétera. Además, hemos hecho mapas verbales de nuestros recorridos cotidianos y algunos rememoramos con emoción nuestras caminatas literarias. Conocemos también al territorio a través de la palabra, no es nada nuevo, pero a veces lo olvidamos de tan cotidiano.

Roland Barthes en El imperio de los signos (1970) se sorprende del sistema de las direcciones en Tokyo, no hay nombres de calles en cada esquina, ni numeración en las casas, afirma que existen direcciones oficiales, pero la manera coloquial en la que éstas se comparten es por medio de croquis, los cuales incluyen referencias comunes como estaciones, tiendas, etcétera, que ayudan a ubicar y llegar al destino anhelado. Existe actualmente, en nuestro contexto, algo similar a esto, la referencia oral de la ubicación que envía a segundo plano el orden y nominación oficial de nuestras ciudades:

–¿Dónde queda el mercado?– Camine usted derecho, unas tres cuadras, hasta ver un zaguán amarillo en una esquina, de vuelta ahí a la izquierda y camine hasta llegar a una panadería, en la siguiente esquina va a ver el mercado. No vaya a confundir la panadería con una tiendita que también vende pan, luego luego se ve que esa es de abarrotes.

A veces me pregunto si tenemos un derecho individual a la representación y si este tipo de actos es ejercerlo. Cuando a partir de la experiencia individual en un contexto espacio-temporal cotidiano generamos estas representaciones, cabe señalar que estarán cruzada principalmente por dos asuntos que se entretejen: la oralidad y la visualidad. Lo particular es que, de manera general, se puede decir que domina un tipo de representación bidimensional de un espacio tridimensional (es decir, lo pensamos habitualmente como un “plano”), pero también es verdad que hay una temporalidad fragmentaria en nuestro relato que desdibuja el plano, dejamos huecos que el lector/caminante va a llenar. Ese “camine hasta llegar a” está lleno de detalles que hemos omitido y de tiempo de caminata. Rompemos con el “plano”, lo entregamos en fragmentos materializados en descripciones, son momentos y puntos de ubicación al mismo tiempo. Esta oralidad deja imágenes que el caminante debe buscar.

Además, usamos el imperativo “camine”, el lector/caminante va a seguir forzosamente nuestro relato, imponemos nuestra experiencia al otro (así como los escritores y los artistas, lo que nos dan es lo que hay, de ahí los lectores/espectadores partimos). Si estamos en el lugar de los caminantes, sólo en las ausencias o huecos de la representación es en donde podremos construir nuestra experiencia propia y luego reinventar nuestro propio mapa oral del camino al mercado, o a donde sea. Cabe recordar que, como ya también lo han señalado tantos escritores, artistas y críticos, el mundo no es fijo, se mueve. La ventaja de nuestra representación viva y oral es que ésta se puede actualizar, el zaguán amarillo ahora es verde, entonces modificamos el mapa.

Ciertos mapas incluso están cargados de afectos, de historia personal y colectiva, las plazas, las casas donde alguien conocido vive o vivió, los juegos de la infancia, esa fachada tan memorable alrededor de la cual los niños contaban leyendas, tal tiendita a la que usualmente se acudía, tal escuela, tal punto arbitrario de reunión, incluso tal color de puerta que los habitantes de la zona suelen ubicar, tal lugar en donde platicaste con alguien, en donde te caíste, en donde jugabas, etcétera. Estas experiencias pueden traducirse en nuestro mapa-relato.

Para exponerlo de otra manera es preciso hacer referencia a George Lakoff y Mark Johnson. Ellos afirman que hay un punto de encuentro y negociación entre percepción y enunciación, señalan un vínculo entre experiencia y lengua que resulta indispensable para nuestra comprensión del mundo. Y refiriéndome aquí a lo que coloquialmente entendemos por comprensión, sin usar el concepto de estos lingüistas pero pensando que he sembrado la duda al respecto, se podría decir que si no comprendemos el mundo, no podemos representarlo. Así, este acto y creación oral de hablar de nuestra experiencia en el espacio es vital y bastante más compleja de lo que podríamos suponer, sobre todo porque tiene como finalidad orientar al otro.

Es pues una manera en la que comunicamos la forma y extensión del amado terruño. Aquél que hemos configurado en el imaginario con una serie de palabras que tal vez sólo le asignaríamos a él, construyendo imágenes subjetivas a veces, colectivas otras. Estos mapas orales, mapas-relato, son sólo un ejemplo de una relación que tenemos con el terreno y en este breve texto mi intención ha ido señalarla para tenerla presente mientras recorremos la cuadra, con la esperanza de que alguien pase y nos pregunte por alguna dirección o establecimiento, a lo que nosotros gustosos, espero, iniciaríamos con un “Camine usted…”.

 

¹Esto lo han dicho y estudiado muchos investigadores, teóricos y escritores. Personalmente me gusta mucho y me parece muy útil, aunque no se refiera a un contexto contemporáneo, el libro de Paul Zumthor La medida del mundo: representación del espacio en la Edad Media (col. Historia. Serie menor. Madrid: Cátedra, 1994), pues va mostrando cómo ciertas ideas sobre el espacio y los lugares se fundaron en la Edad Media, al menos en Francia, y podemos ver que algunos son conceptos y maneras de representar que seguimos teniendo en cuenta en la actualidad y en nuestro país.

²Hace poco planeaba un taller junto con Cecilia Santillán, versaría sobre mapas y este tipo de relatos, específicamente en nuestra ciudad. Consultamos muchos libros hermosos de mapas y ciudades, fuimos muy felices viendo todos esos documentos y recorridos a lo largo de la historia y del mundo. Uno de los libros que pueden consultarse sobre estos afectos en los mapas es: Antonis Antoniu, Robert Klanton, Sven Ehmann y Hendrik Hellige. A Map of the World according to Illustrators and Storytellers. Berlín: Gestalten, 2013. Clasificación en la Biblioteca Vasconcelos de la Ciudad de México: 912 M36.

 ³Investigadores dedicados a la lingüística cognitiva.

 4Esta concepción se denomina “experiencialista”. Puede profundizarse sobre el tema en: George Lakoff y Mark Johnsosn. Metáforas de la vida cotidiana. José Antonio Millán y Susana Narotzky (trad.). col. Teorema. Madrid: Cátedra, 1986.

 

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Susana Santoyo (1982).

Nació, radica y labora en la Ciudad de México, a la cual ama con especial fervor. Estudió Artes Plásticas en la ENPEG “La Esmeralda”. Realizó estudios en el área “Arte Espacio” de la École nationale supérieure des Arts Décoratifs de París (gracias al programa Artes Aplicadas del FONCA). También es Maestra en Letras (Literatura Comparada) por la UNAM, con una tesis que apunta hacia la conceptualización del espacio en la obra de Georges Perec. Se dedica principalmente a pensar y editar tanto libros como revistas. También le pagan por ordenar libros, archivos y cosas. A veces escribe sobre arte y/o literatura. Mientras (no tan) secretamente sigue pensando en la escultura, la arquitectura, las ciudades, los mapas, las matemáticas, en fin: en el espacio, sus límites y sus representaciones.

 

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